El 4 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Salud Sexual, una fecha que recuerda que la sexualidad forma parte de la salud y de la vida de todas las personas, también de aquellas que conviven con una discapacidad física u orgánica. Sin embargo, el reciente estudio publicado por COCEMFE evidencia que este derecho sigue sin cumplirse en igualdad de condiciones y que aún existen numerosas barreras que limitan la libertad y la dignidad de este colectivo.
El informe muestra cómo muchas personas con discapacidad reciben información sesgada o incompleta cuando acuden a profesionales sanitarios. En ocasiones, en lugar de ofrecerles datos rigurosos y opciones para decidir, se las disuade de emprender un embarazo o de ejercer su maternidad y paternidad, apelando a supuestos riesgos sin una base científica clara. También se constata la ausencia de una educación sexual inclusiva y adaptada, lo que deja a muchas personas sin herramientas para conocer sus derechos ni para tomar decisiones libres.
A estas dificultades se suma la vulneración del derecho a la intimidad. Tanto en entornos familiares como en centros sanitarios o residenciales, no siempre se respetan los espacios privados que permiten desarrollar la vida afectiva y sexual con normalidad. Además, persisten estereotipos dañinos que consideran a las personas con discapacidad como seres asexuados o incapaces de criar hijos. Estos prejuicios tienen un impacto profundo en la autoestima y en la forma en que las propias personas con discapacidad se perciben a sí mismas.
El estudio recoge, además, testimonios de personas con distintas discapacidades que narran cómo han enfrentado estas barreras en su vida cotidiana. Sus historias reflejan que no se trata de un problema individual, sino de una realidad social y estructural que limita el pleno ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos.
Desde la Liga Reumatológica Española (LIRE), como entidad miembro de COCEMFE, subrayamos la urgencia de transformar esta situación. La salud sexual y reproductiva es un derecho humano que debe garantizarse con recursos adecuados, profesionales formados, protocolos accesibles y, sobre todo, un cambio de mirada social que supere la compasión y los prejuicios para situarse en la igualdad y el respeto.
Porque la discapacidad no anula la sexualidad. Porque todas las personas tienen derecho a vivir su cuerpo, sus decisiones y sus relaciones con libertad y dignidad.
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